La farmacopea industrial e intereses particulares
La labor terapéutica debe tener como principio el ejercicio sin dañar y sin usura.
Hay un principio terapéutico: se debe tratar al enfermo. No existen enfermedades, hay seres en momento de enfermar.
Al alejarse la industria farmacéutica de las necesidades de los seres
vivos y enfocar su acción en producir sustancias que cambian el curso de las enfermedades. Se pierde el norte, de tratar al enfermo, que propone el principio terapéutico.
Muchas compañías farmacéuticas realizan tareas de investigación y desarrollo (I+D) con el fin de introducir nuevos tratamientos mejorados.*
El hecho de que para investigar y desarrollar una sustancia se elabore y experimente a partir de seres vivos, de los recursos naturales, animales y la humanidad misma, debe dar pie para que los hallazgos y conocimientos sean propiedad pública sin las exclusividades que pretenden los accionistas de las multinacionales farmacéuticas.
En algunos países, cada etapa de las pruebas de nuevos fármacos con animales domésticos (de granja o de laboratorio) o con seres humanos, debe recibir la autorización de los organismos reguladores nacionales. Si se produce la aprobación final se concede la autorización para utilizarlos en condiciones determinadas. En otros países se puede obtener el permiso para distribuir un fármaco presentando la autorización del país de origen.
La mayor parte de las empresas farmacéuticas tienen carácter internacional y poseen filiales en muchos países.*
El terapeuta y el enfermo se ven tentados sin opción a usar fármacos basados en las indicaciones que declaran los productores. El interés genuino por el bienestar de cada enfermo se desvanece ante la variedad de intereses, entre estos los de poderosos empresarios.
Las compañías farmacéuticas fueron creadas en diferentes países por empresarios o profesionales, en su mayoría antes de la II Guerra Mundial. Allen & Hambury y Wellcome, de Londres, Merck, de Darmstadt (Alemania), y las empresas estadounidenses Parke Davis, Warner Lambert y Smithkline & French fueron fundadas por farmacéuticos. La farmacia de Edimburgo que produjo el cloroformo utilizado por James Young Simpson para asistir en el parto a la reina Victoria también se convirtió en una importante empresa de suministro de fármacos. Algunas compañías surgieron a raíz de los comienzos de la industria química, como por ejemplo Zeneca en el Reino Unido, Rhône-Poulenc en Francia, Bayer y Hoechst en Alemania o Ciba-Geigy y Hoffmann-La Roche en Suiza. La belga Janssen, la estadounidense Squibb y la francesa Roussell…*
Actualmente la promoción de los medicamentos producidos se hace por medio de estrategias de mercadeo agresivas, medios masivos de comunicación, promotores que insisten en prometer los beneficios del consumo de ciertas sustancias con su especifico nombre de marca.
Es evidente que el interés de obtener ganancias económicas con la distribución y venta de fármacos ha dejado en un plano muy inferior el logro de un bienestar integral y sostenido de la humanidad.
El poder económico y social de empresas involucradas influye enormemente en los organismos de control y más en tantos países donde la corrupción de la administración pública ha penetrado casi todas las esferas.
La talidomida era una medicina, "tratamiento eficaz" para la depresión de los primeros meses del embarazo. A finales de la década de 1950, se observó que el número de niños nacidos con miembros desarrollados de forma incompleta era estadísticamente mayor entre los hijos de madres tratadas con ese fármaco. Experimentos posteriores con animales demostraron que la talidomida dañaba el crecimiento de los miembros en el embrión e interrumpía el desarrollo normal de éstos. La difusión de este descubrimiento hizo que el fármaco se retirara en todos los países. La compañía alemana fue acusada de ocultar pruebas.* http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/10/18/actualidad/1382124838_004545.html
Mientras se demuestran los efectos nocivos de una sustancia y prosperan las demandas que restrinjan su distribución, son demasiado los daños a que se ve sometida gran parte de la sociedad.
La mayoría de los países conceden patentes para los medicamentos o fármacos recientemente desarrollados o modificados, por periodos de unos 15 años a partir de la fecha de autorización. Las compañías asignan una marca registrada a sus innovaciones, que pasa a ser de su propiedad exclusiva. Además, los nuevos medicamentos reciben un nombre genérico oficial de propiedad pública. Una vez que expira la patente, cualquier empresa que cumpla las normas del organismo regulador puede fabricar y vender productos con el nombre genérico.
El encontrar que una sustancia es saludable para la humanidad, debiera considerarse que la propiedad intelectual es para un uso sin restricción en la mayoría de la población.
Se debe impedir que un grupo de empresarios se enriquezca a costa de una posibilidad exclusiva para recuperar o conservar la salud.
Además la producción y el uso masivo de muchas sustancias es lo que ha permitido detectar un sin número de efectos adversos, secundarios o idiosincrasias, lo que ha permitido a su vez clasificar en forma más clara sus indicaciones y contraindicaciones. Hay una inversión orgánica y social de la comunidad en el desarrollo de medicinas que no se mide ni se tiene en cuenta y sí se le quiere cobrar con usura.
Las nuevas técnicas, la fabricación de moléculas más complicadas y el uso de aparatos cada vez más costosos han aumentado enormemente los cobros. Estas dificultades se ven incrementadas por la presión para reducir los precios del sector, ante la preocupación de los gobiernos por el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento de los gastos sanitarios, que suponen una proporción cada vez mayor de los presupuestos estatales.
En la actualidad la mayoría de los gobiernos occidentales considera que un requisito para la producción y distribución de fármacos seguros y eficaces es que la industria farmacéutica continúe en manos de la empresa privada. Otro requisito es el establecimiento de organismos gubernamentales de vigilancia compuestos por expertos y con poderes para conceder o negar la autorización a las compañías farmacéuticas para comercializar sus productos, según criterios de calidad de los mismos y seguridad para los pacientes. Estos organismos de control son los responsables de impedir abusos o irresponsabilidades por parte de los fabricantes, con lo que pretenden al parecer reducir la posibilidad de que aparezcan peligros para la salud y se produzcan desastres como el de la talidomida y otros que no se han documentado.
Estas medidas de la administración pública ponen en claro que el interés comercial de un grupo determinado está por encima del bien común de la humanidad.
Además que muchos medicamentos dejan ver sus adversos efectos y contra-indicaciones después de mucho más de 5 o 10 años de estar autorizado su venta al público.
En la actualidad la investigación de los laboratorios de las compañías farmacéuticas centra su interés en el hallazgo de tratamientos mejorados para el cáncer, las enfermedades del sistema nervioso central, las enfermedades virales como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), la artritis y las enfermedades del aparato circulatorio. Van tras el mercado que mejore más ingresos.
Es así como hacen que enfermedades de alto costo se vuelvan nombres corporativos para generar inversión estatal.
Se abandona la verdadera promoción del bienestar y otros asuntos de salud que implicarían menor costo y aportarían bienestar a un número mucho mayor de la población y efecto a largo plazo en futuras generaciones.
Es prácticamente un saber popular que es mejor prevenir que curar.
Enfermedades como el Sida, las artritis degenerativas y las del sistema circulatorio tienen una incidencia y curso muy distinto si se asumen estrategias desde la educación y el establecimiento de hábitos saludables, antes de nacer y en los primeros años de vida.
La forma de actuar con paliativos (que frenan o atenúan las reacciones humorales como la fiebre, el vómito, la diarrea, el exantema entre otros) ante procesos de enfermar en las fases biológicas de reacción** trae consecuencias a mediano y largo plazo que se conocen como las vicariaciones progresivas**.
Y el tratamiento de enfermedades degenerativas, oncológicos, etc. deterioran en gran medida la calidad de vida y son de uso relativamente limitado y poco beneficio a la mayoria.
La aparición de reacciones adversas y/o tóxicas son muy comunes ya que ningún fármaco o sustancia farmacológicamente activa está exenta de la posibilidad de producir efectos de este tipo. Las reacciones por idiosincrasia son bastante impredecibles en general.
En la practica es evidente que las personas que más consumen medicinas (aun ordenadas por médicos) viven con mas quejas en su salud que las que evitan recurrir a ellas.
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*tomado de Encarta
**Julio Cesar Payán De la Roche – “Medicina Biológica una medicina no comprometida”.
Hamer creador de la Nueva Medicina Alemana habla también de crisis biológicas que se resuelven inconvenientemente por iatrogenia..
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